|
07/01/10. No Diga Sì, Cuando quiere decir No.
POR VERÒNICA GARAY
NO DIGA SÍ CUANDO QUIERE DECIR NO
Por: Verónica Garay
¿Qué no sería muy sano decidirse a incluir, entre nuestros propósitos de año nuevo el hacernos dueños de nuestra vida, de nuestras decisiones y de sus consecuencias? ¿Cuántas veces nos sorprendemos a nosotros mismos haciendo o aceptando algo que en verdad no queremos hacer?
Dentro de nuestra cultura, es común que seamos educados para agradar o quedar bien con los demás, al punto que con frecuencia perdemos la capacidad para escuchar a nuestra propia voz interior que nos indica si realmente aquello que estamos haciendo es lo que deseamos, o simplemente, lo que mas nos conviene en el más amplio sentido de la palabra. Nos volvemos “complacientes compulsivos” casi siempre en esa búsqueda continua de aprobación y aceptación; que nos lleva a buscar en los otros lo que yo no soy capaza de darme a mí mismo.
Detrás de todas estas situaciones de nuestra vida que nos llevan a aceptar cosas con las que no estamos de acuerdo o no sólo eso, sino que nos aportan incomodidad y en algunos casos hasta dolor; subyace una de las emociones mas dañinas de las que nos podemos dejar llevar: se llama Miedo. Miedo a no ser aceptado o querido, miedo a perder los afectos que ya tengo; pero sobre todo –y he aquí lo más grave- lo que Erick Fromm llamaba: miedo a la libertad. Cuando yo me siento y me vivo como un ser auténticamente libre, cada una de mis decisiones caen y recaen sobre mis espaldas a veces como una pesada carga de la cual no puedo responsabilizar a nadie más ¿no ésto atemorizante?
A veces sentimos que hay personas a nuestro alrededor que abusan de nosotros y nosotros lo sabemos. Nuestra reacción puede ser de enojo, de tristeza o de frustración, pero preferimos seguir tolerando dicho abuso antes de asumir las consecuencias de lo que ocurriría si pongo fin a dicha situación. Si me victimizo, entonces, el malo de la película es el otro y yo….pues “soy bueno/a y suifro”. ¿Por qué no nos sinceramos con nosotros mismos, y encontramos la verdadera razón por la que toleramos el abuso, en algo que a mí me conviene?. Los Psicólogos llamamos a éstas “ganancias secundarias”. Quizá mantengamos esa relación –y al hablar de relación me refiero a relación de amistad, de trabajo, de pareja, de familia o cualquier otra- porque me siento incapaz de enfrentar la vida yo solo; porque no estoy dispuesto a vivir la incertidumbre o el riesgo de un cambio; por que necesito que me necesiten (codependencia) o simplemente porque el papel de buena y sufrida me atrae la atención y la lástima que necesito para sentirme valorado.
De cualquier manera, esto no deja de ser una de las formas mas claras de la neurosis; dicen que el neurótico “hace lo que quiere, pero no quiere lo que hace”, es decir encima de que estamos tomando tal o cual decisión, nos sentimos tristes o enojados por haber decidido hacer aquello que en el fondo no queríamos.
Es verdad que la vida nos impone retos y problemas que nos ponen en situaciones que quizá nosotros nunca hubiéramos elegido conscientemente. Es verdad que a veces hay que aguantar desde el familiar hasta el vecino incómodo. Es verdad que en las relaciones humanas el aprender a ceder a veces, a complacer a veces, a adaptarse (también a veces) es la clave para la convivencia armónica. Pero cuando en mi entrega, de cualquier tipo soy capaz de ver el sentido trascendente de mi acción; es decir, cuando me doy cuenta de que al complacer al otro “me complazco”. Cuando me percato de que tras de cada una de mis decisiones se encuentra la fuerza de mi voluntad y estoy dispuesto a asumir el costo que de ellas se deriven; entonces…entonces sucede una transformación maravillosa, porque puede gustarme o no aquello que estoy haciendo, pero lo cierto es que yo y nadie más que yo lo ha decidido así. Es posible que cuando lo vea de esta manera me haga consciente de que quizá algunas de mis motivaciones no sean muy sanas, pero es sólo asumiéndolas como mías que lograré cambiarlas. Es posible también que algunos de los actos de la vida no muy agradables para mí cobren otro color y los viva de otra manera si les encuentro el sentido profundo del porqué es que estoy dispuesto a elegir e inclusive a tolerar esto o aquello. Pero sobre todo, la transformación sucede porque me vuelvo poderoso, me vuelvo dueño de mi vida y nunca más juguete del destino.
Hagamos pues, en este principio de año este propósito, vamos a volvernos gente responsable y adulta; vamos a aprender a ejercer la libertad que se nos dio con nuestra naturaleza humana;
|
|